Vinos de MallorcaMallorca, isla mediterránea por excelencia, cuenta con una rica tradición vitivinícola que se encuentra profundamente anclada en sus raíces históricas y culturales. La producción de vino en la isla es hoy un símbolo de identidad, sostenibilidad y orgullo local. Dos figuras fundamentales regulan y dan forma a este patrimonio: la Denominación de Origen (DO) Mallorca y la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Vi de la Terra Mallorca. Ambas representan dos caminos complementarios que combinan tradición, innovación y un profundo respeto por el territorio. 

La gran riqueza del vino mallorquín se debe, especialmente, a su riqueza geográfica. Por ejemplo, el área de la DO Binissalem, ubicada en paralelo a la Sierra de Tramuntana tiene un suelo idóneo para el cultivo de la uva en un paraje realmente único.

Son vinos con altas características sensoriales: afrutados y con matices de las uvas autóctonas que los convierten en unos caldos bastante singulares. Algunas de las variedades de uva autorizadas son Manto Negro, Callet, Monastrell o Gorgollassa, entre las tintas; y Parellada, Macabeo o Moscatel de Alejandría, blancas.

Por su parte, la DO Pla i Llevant, también goza del clima mediterráneo de la isla, pero sus viñedos se encuentran prácticamente al mismo nivel del mar. Es por lo que esta vid está influida por el Embat, un viento térmico y de origen marino que refresca, humedece y saliniza la uva, aportando unas propiedades que dan lugar a unos vinos únicos. Destaca la diferencia de tono entre los tipos de vino que produce. Mientras los blancos suelen ser más ligeros y con toques ácidos -aunque se caracterizan por su variedad-, los negros tienen más toques de tierra y dejan un interesante aroma bouquet. 

Por su parte, la IGP Vi de la Terra de Mallorca permite una mayor flexibilidad en cuanto a variedades y métodos, siempre y cuando la uva sea 100 % mallorquina. Esta categoría impulsa la experimentación, la innovación y la expresión personal de cada bodega, sin desvincularse del carácter del paisaje. Más de 70 bodegas forman parte de esta indicación, entre ellas propuestas tan singulares y ecológicas de Callet, Fogoneu y Syrah, que combina creatividad y sostenibilidad.

En la isla, el vino se asocia a fiesta, comunidad y alegría. Un buen ejemplo es Binissalem, que en septiembre celebra la Festa Des Vermar (Fiesta de la Vendimia) con degustación de vinos, pisado de uva y eventos multitudinarios como la “cena al fresco” en la que los vecinos cenan juntos en la calle, celebrando comunidad. Además, cada año, la IGP organiza en junio el Raïm Wine Fest (fiesta del racimo), una jornada dedicada al vino, la cultura y la tradición de la isla. 

En Mallorca, lo local es la clave

Conservar la producción de vino en Mallorca es también preservar un patrimonio cultural y tradicional profundamente arraigado. Muchas bodegas están recuperando terrenos, aplicando prácticas agrícolas sostenibles y revitalizando variedades ancestrales.

Esta producción no es solo un sector económico: es un ejemplo de sostenibilidad real, que protege el paisaje, crea empleo y preserva costumbres que se transmiten de generación en generación.

Y estas son precisamente las cualidades que se pretenden conservar a través del Pledge, Compromiso por un Turismo Responsable de Mallorca. A través de la Fundació Turisme Responsable de Mallorca, la isla formaliza su compromiso firme y duradero con preservar y proyectar la valiosa herencia natural, cultural y social mediante un modelo más consciente y sostenible. 

Una de las acciones del manifiesto invita a “comprar, consumir y vivir localmente”, tanto a residentes como a turistas que eligen Mallorca para pasar unos días. Al escoger vino mallorquín, se hace una apuesta clara por la economía circular, el bienestar de las comunidades rurales y la conservación de los paisajes, un hecho clave en el nuevo modelo de turismo responsable en el cual trabaja para implementar la isla de Mallorca.